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Dios no existe

Edwin Espinoza AndinoLa lógica está claramente más por “el hombre ha creado a Dios” que por “Dios ha creado al hombre”.

“Poco a poco, nos fuimos conociendo y las últimas vergüenzas se esfumaban. Apareció el mejor sexo, y el sentido del humor y las conversaciones fluían más libres. Una tarde, tumbados en el sofá del piso sin prisas y sin Kike, como quien no quiere la cosa, empezamos a charlar sobre uno de mis caballos de batalla preferidos: la religión. Mi vida ya no volvería a ser nunca más la misma.

–Mira Laia, si hay más de mil religiones diferentes a la tierra, ¿qué te hace pensar que curiosamente la tuya es la verdadera?

–¡Eh! Que yo no creo en lo que dice la iglesia cristiana, ¡eh! Pero creo que detrás de tanta religión algo debe haber de cierto.

–Pero si se contradicen a saco… Unas creen en la reencarnación, otros en que hay más de un Dios…

–Para mí son como metáforas o diferentes interpretaciones de lo mismo.

–Son mentiras, Laia. Tú prácticamente eres ya una psicóloga y no entiendo cómo puedes creer en algo tan poco racional. Creo que te debería ser evidente que somos nosotros los que hemos creado a Dios y no él a nosotros. Dios no deja de sernos un refugio al miedo de sentirnos solos, de no tener un sentido, de morir y ya está.

–No lo sé, pero siento que debe existir algún tipo de energía, que no puede ser todo tan triste, que no haya nada.

–Crees en lo que te gustaría que fuera, pero no es nada lógico –hice una breve pausa para encender un cigarro y ofrecer uno a ella–. Mira, supongamos que Dios nos ha creado, ¿de acuerdo?

–De acuerdo.

–Pues entonces, ¿quién lo ha creado él? Te das cuenta que seguimos teniendo la misma pregunta, sólo que más alejada de nosotros? Quien lo haya creado a él ya no nos afecta tan directamente, pero en el fondo no hemos solucionado nada. Sería lo que dicen de desnudar a un santo para vestir a otro.

–No sé Pau –dijo con gesto de fatigada–. Lo que sé seguro es que la ciencia no tiene todas las respuestas y que la vida es demasiado increíble como para no tener sentido.

La ternura de la relación invitaba a cambiar el tercio, pero con la frustración del que no se siente escuchado y el haber dado con un nuevo argumento, no me supe estar de hacer un último ataque.

–¿Tiene sentido la vida de una hormiga? ¿En qué momento de la evolución un puñado de células con patas (o sin) comenzó a tener sentido o le apareció la indetectable alma? –dejamos pasar un ángel y animado por la contundencia del razonamiento rematé:– Yo no es que crea que Dios no existe: yo lo sé.
De pronto pareció que Laia recuperaba el interés por la disputa y, con un movimiento ágil, cambió la postura de siesta para sentárseme de cara.

–Te has pasado dos pueblos, Pau! –protestó medio mofándose–, ni un superdotado sería tan categórico.

–¡Y tanto que lo sería! Si es pura lógica.

–Pues tendré que pasarte un test, no sea que estuviera follando con un Einstein y yo sin poderlo explicar a las amigas.

Ella siguió haciendo cachondeo mientras yo no dejaba de pensar en cómo podía ser que un superdotado dudara de la no existencia de Dios, y quise indagar.”

Nota: Texto extraído, íntegramente, de “Revolución Racional G2″.