porros


Timidez

CaputoSoportamos la invalidante timidez estoicamente, cuando la podemos trabajar y dejar de sufrirla.

“Iba a ser una fiesta más de las celebradas en el piso, pero sumando que se preveía muy propicia para los movimientos pélvicos (se esperaban bastantes chicas con ganas de marcha) y que mi final de estancia en Reus estaba cerca, inconscientemente, la fiesta me era más una prueba de fuego que propiamente una fiesta. Un último clavo ardiendo al que aferrar el sueño que agonizaba.

Empecé la velada fumadillo para ir un poco relajado. Igualmente, sin embargo, me sentía nervioso e inseguro de hacia dónde dirigir mi cuerpo y qué decir entre tanta desconocida. Buscaba las chicas dentro de la protección de los corros con amigos, pero cuando finalmente lograba intercambiar dos frases con una, la angustia crecía, y mientras pensaba en qué estaría pensando ella de mí (de si se daba cuenta de mi rigidez, si me encontraba demasiado serio, si no le gustaba…), perdía el hilo a menudo, eso cuando no se encargaba de hacérmelo perder los lapsus del hachís. Las charlas raramente duraban mucho y por cada pequeña derrota tenía un trago o una calada prometiéndome un poco más de desinhibición. Recuerdo perfectamente aquella noche, cuando a media fiesta ya me arrastraba patético, como surgía pululando entre la gente la personificación de un pedacito de cielo. Me sentía desnudo, impotente y, como tantas otras veces en el pasado, acabé mirándomela desde la distancia creyéndola la mujer perfecta, mientras me insultaba por inadaptado y cobarde.

Al día siguiente, definitivamente me rendía ante la evidencia de que algo me había fallado y que la mejora física, por sí sola, no me aportaba las prestaciones esperadas. Durante los siguientes días estuve dándole muchas vueltas al tarro en busca de un nuevo camino para liberar al seductor que llevaba dentro, hasta que centrando la acusación en la timidez caí en elegir mi querida ciencia como antídoto. Ese mismo día me compraba un libro de psicología sobre el tema, bastante técnico, que repasaría con empeño durante las posteriores semanas y que meses más tarde se vería cumplimentado (ya en Terrassa) con un segundo libro más práctico. En gran parte, ese libro salvaba el año sabático de su fracaso más absoluto, por lo que se refería a objetivos. Porque del tema de la literatura ya no me esperaba nada bueno.”

Nota: Texto extraído, íntegramente, de “Revolución Racional G2”.