R2G2

Pertenecen a la categoría R2G2 las entradas extraídas de mi libro: “Revolución Racional G2”.


Revolución modo ON

RevolucionNecesitamos una revolución racional, calmada e inteligente. Estamos en el camino (Podemos, Syriza…) pero nos queda mucho por remar.

“La impotencia vivida dentro de la cooperativa, la estafa/crisis, la reciente muerte de Kike…, no sé, pero mi espíritu quijotesco (sí, seguramente mi Yo más soñador) despertó nuevamente y miré atrás, a mi libro frustrado. Quiero abrir ojos, quiero hacer nacer una nueva chispa, que sumada a las muchas de mucha gente que tenemos alrededor, haga nacer la llama para la revolución racional que necesitamos la inmensa mayoría de los que habitamos la Tierra. No me siento un iluso. Sé que muy difícilmente con un libro o con una charla de pocas horas se puede pretender convencer al homófobo que un homosexual es una persona como cualquier otra (que no es ni un enfermo, ni un mal nacido al que se le tenga que eliminar). Sé que a quien cree en Dios difícilmente nadie lo hará cambiar de idea, por más argumentaciones en contra se le presenten. Sé que por más que los “grandes” políticos que nos gobiernan nos mientan día sí, otro también, mucha gente, al verlos en la tele dándoles la mano a otros “grandes” políticos rodeados de lujo, los sentirán poderosos y creíbles, y los volverán a votar en masa. Pero también sé que la verdad es redonda (poderosa) y que a su exposición es fácil que nuestras ideas evolucionen. Y sé que si un libro gusta, es ameno y muestra verdad, es posible que llegue a mucha gente y que esta verdad arrincone siempre un poco de ignorancia. Y la ignorancia es nuestra principal enemiga, es la base para poder engañar y someter a la gente. Lo dijo el enorme Nelson Mandela “La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo”, y también el brillante filósofo Arthur Schopenhauer nos decía “Las religiones, como las luciérnagas, necesitan de la oscuridad para brillar”.

Hace falta una revolución. Parece que hay cosas que se mueven en la buena dirección desde diferentes iniciativas populares (PAH, 15M, Anonymous, Podemos…), pero se nos siguen meando encima y diciendo que llueve. Una crisis, dicen que llueve. Una supuesta crisis donde la mayoría de los que han quedado señalados como responsables siguen muy cerca del poder, si es que no siguen ostentándolo. Eso sí, nos van diciendo que la crisis se está pasando. Estamos hartos de ver como los gobiernos (la inmensa mayoría en todo el globo) son más sensibles a los intereses de las multinacionales que a los del pueblo. Se venden y acaban siendo sus marionetas. Ejemplos de connivencia poderosos-gobernantes tenemos para aburrir. La corrupción es más que evidente en la mayoría de los gobiernos y después de toda la mierda que ha destapado la organización Wikileaks ya no nos debería quedar la menor duda de ella. Se los imputa por corrupción y raramente dimiten. Si se los condena, a menudo, son indultados. No conocen ni la empatía ni la vergüenza. Son los psicópatas de que te hablaba anteriormente. Las centrales nucleares, las guerras, el deterioro de la sanidad y la educación, los aeropuertos sin aviones…, son solo negocios para ellos y desgracia para nosotros. Vacían los bancos y nos los hacen volver a llenar a nosotros. No es ninguna tontería decir que un niño gobernaría mejor que ellos, ellos se venden al mejor postor.

Y la gran pregunta es, pues: ¿qué podemos hacer para poder acceder a un mundo mejor? ¿Qué debe hacer la humanidad para llegar a convivir en una sociedad organizada bajo valores como la cooperación, la solidaridad y el respeto, y dejar de vivir en el mundo selvático del liberalismo económico?

En un primer momento, lo lógico sería creer que en democracia el campo de juego pertinente para trabajar este cambio es el de la política. Pero cuando uno observa como los intentos de las verdaderas izquierdas para construir un mundo más humano chocan sistemáticamente con todo tipo de estratagemas sin problemas de financiación por parte de las derechas y las falsas izquierdas, uno se da cuenta que esta vía está bastante complicada. Y es que para los que tenemos subidos en la chepa no les es ningún mal negocio invertir parte de lo que chupan corruptamente desde su posición privilegiada en grandes campañas electorales, compra de tránsfugas, sobornos, extorsiones, medios de comunicación, sicarios o lo que sea necesario.

Otra opción sería la de apostar por la educación y confiar en que un día las nuevas generaciones nos saquen de la actual sinrazón. Pero entre que la situación actual clama a la urgencia y que el interés de los que mandan está más encaminado a una educación precaria que les facilite la perpetuación de la injusticia, tampoco este camino parece el más adecuado.

Y mucho de lo mismo se puede decir sobre las esperanzas de alcanzar un mundo mejor a través de sindicatos, ONGs, voluntariados y similares, porque aunque es incuestionable el valor de sus aportaciones en hacer el mundo más respirable, estas aportaciones demasiado a menudo terminan siendo solo parches temporales que vuelven a petar tan pronto como las derechas pueden, con el engaño o la violencia.

Pero, ¿y si aglutináramos y coordináramos nuestros esfuerzos en un único movimiento social transparente y participativo? ¿Y si este movimiento actuara sincronizadamente desde la calle con activismo pacífico, desde la política con un partido político representativo del movimiento y desde la economía con boicots y empresas-cooperativas amigas?

Las manifestaciones y la desobediencia de leyes injustas son acciones que pueden ser muy poderosas si están bien realizadas. A lo largo de la historia han sido innumerables sus éxitos. La desobediencia civil orquestada por Gandhi para liberar la India de la colonización inglesa posiblemente sea su ejemplo más claro.

El movimiento debe poder demostrar que es apoyado por la mayoría, no solo en la calle. Debe participar de la democracia y aspirar a ostentar las riendas del poder. No podemos limitarnos a exigir a los que gobiernan como nos deben gobernar. No necesitamos, ni nos podemos fiar, de unos intermediarios que sabemos que no persiguen los intereses del pueblo. Un partido político que nos represente, transparente y participativo, es más que viable.

La tercera pata debe ser influir en la economía. Los boicots a las grandes empresas que dirigen la política desde la sombra debe ser un objetivo claro y seguro que muy efectivo. Con estos boicots, acompañados de la potenciación y creación de cooperativas y empresas amigas al movimiento, daremos la estocada definitiva al sistema. Si desinflamos económicamente las empresas que untan los políticos, esta untamenta perderá potencia y con ella la capacidad para las grandes campañas, la compra de medios de comunicación, sobornos, etcétera.

El reto está en ir todos a una. En creernos que podemos conseguir el nuevo escenario. En superar las diferencias entre nosotros, ya que somos básicamente la misma cosa: humanos pastoreados por un número ridículo de poderosos y un número algo menos ridículo de subalternos.

En este punto, creo que es importante que se mojen el culo los que ya a menudo lo hacen, pero de una vez por todas lo hagan coordinados y unificados (intelectuales, activistas, artistas-intelectuales, científicos, periodistas…). Ellos deben ser nuestra voz, los líderes del movimiento. La unificación de todo tipo de voluntariados, ONGs, sindicatos y entidades en general deben empezar a otorgar el músculo que necesitamos para dar la vuelta a la realidad.

Estamos de acuerdo en lo esencial: basta de gobiernos que defiendan los intereses de las multinacionales y de los poderosos por encima de los de las personas. Ya habrá tiempo para discutir aquello en lo que no estemos de acuerdo una vez lo esencial esté conseguido. Somos el 99% de la población los interesados en cambiar las cosas y el 100% a medio-largo plazo. Y esto es así porque para un animal social como el humano es con la cooperación, la solidaridad y el respeto que se llega a las más altas cotas de bienestar y prosperidad, y no con el individualismo y el engaño.”

Nota: Texto extraído, íntegramente, de “Revolución Racional G2″.


Activismo modo ON

anticapitalistes.netCon una política a rebosar de corrupción y engaño, el activismo debe ser nuestra punta de lanza para cambiar las cosas.

“Pasados estos siete años, sin embargo, no he cambiado en seguir teniendo muy claro que debemos conseguir de una vez por todas que el pueblo sea realmente representado por su gobierno. Vamos, que hay que cambiar el mundo.

Pocos meses después de autoeditarme 500 libros-fiasco (allá el 2006) fui desistiendo de participar en este cambio con el “granote” de arena que tenía que ser mi obra y, como ciudadano concienciado, me tuve que conformar con aportar todos los modestos granitos que creí interesantes y que no me eran demasiado molestos de sumar:

  • Cambiando de banco/caja. (Dejar el banco que desahucia familias por una sociedad cooperativa de crédito.)
  • Evitando las autopistas de peaje. (Me parece bastante evidente que no hay nada de limpio entre los que las gestionan y los políticos con los que acuerdan las condiciones de explotación.)
  • No utilizando PayPal. (Boicotearon Wikileaks.)
  • No Windows, no Apple y sí Linux (sistema operativo bandera de lo que es el compartir y la transparencia).
  • Comprando siempre que me va bien en cooperativas y tiendas de comercio justo.
  • Menos consumismo y además reducir, reutilizar y reciclar…
  • Votando y haciéndolo a partidos de izquierda. (¡No al PSOE! Ya nos ha demostrado demasiadas veces que no está por verdaderas políticas de izquierda. En realidad representa los intereses de los ricos como un partido de derechas más. Entre PSOE y PP podríamos decir que nos hacen la representación del policía bueno y el policía malo, siendo ambos muy amigos de los poderosos. Lo podemos entender así, sin demasiada dificultad, parando la oreja a Wikileaks o a Salvados. El programa de Salvados “Fraude rico, fraude pobre” es excelente para denotarlo.)
  • Concienciando la persona poco concienciada que hay que ser un ciudadano concienciado.

Seguí así durante meses, de hecho, años, hasta que Marc me presentó “Som Energia” pasándome el enlace del programa de TV3 “Latituds” que hablaba sobre ello. Se trata de una cooperativa de energías renovables sin ánimo de lucro que tiene como objetivo producir energía verde para sus socios, al tiempo que pretende cambiar el sucio y peligroso modelo energético actual.

La idea de formar parte de la cooperativa me entusiasmó y no tardé mucho en hacerme socio y también en querer colaborar en ella como miembro activo. De los granos de arena me sentía pasar a las paladas de arena. Desde “Som Energia” me siento luchar a favor del medio ambiente y de la gente. Lucho en contra del cambio climático, de las centrales nucleares y de sus más que temibles posibles accidentes, y en contra de las opacas y abusadores eléctricas. Es interesante saber, en este punto, que “casualmente” dos de las mayores eléctricas españolas tienen “adornado” su consejo de administración con ex jefes de estado, cobrando una pasta gansa: Felipe González (PSOE) está en Gas Natural y Aznar (PP), en Endesa. La verdad es que con esta clase de “casualidades” uno no puede sorprenderse de las políticas en contra de las renovables. Porque el gobierno, lejos de tratar de impulsar el modelo energético que realmente interesa a su pueblo, solo hace que poner más y más palos a las ruedas de su desarrollo. Es bastante claro que la relación entre el gobierno y las empresas interesadas en mantener el sucio y peligroso modelo actual es más que buena. La teoría de las puertas giratorias (personas que hoy hacen leyes y mañana se aprovechan de ellas desde el sector privado o viceversa) es muy evidente en este sector económico. Vamos, que dentro de la cooperativa me puedo sentir aportando paladas de arena, pero al mismo tiempo no dejo de observar como desde el Congreso de los Diputados unos ventiladores gigantes me la tiran a los ojos. Hay que ir a la yugular del problema.”

Nota: Texto extraído, íntegramente, de “Revolución Racional G2″.


Perfil del ganador

GanadorEl perfil del ganador, en nuestra sociedad capitalista, está más cerca del enfermo mental que del sano.

“Haber visto a su madre y a su hermana rotas también me había roto a mí por unos instantes, pero ver a su padre perfectamente vestido, con sus gafas oscuras y pose solemne, de repente me violentó. No lo conocía, ni siquiera lo había visto hasta aquella mañana allí en el patio de la iglesia. Solo sabía que su relación con su hijo había sido tormentosa desde que Kike era muy joven y que tenía un cargo importante en uno de los bancos más conocidos del país. Me era demasiado fácil prejuzgar en ese momento y suponer algún tipo de causa-efecto con lo que aquella mañana acontecía.

Me lo imaginaba de derechas porque, similar al seguidor de un equipo de fútbol de los grandes, él se sentiría pertenecer a un partido político de “triunfadores”, de personas poderosas y a las antípodas de los partidos de izquierdas que quieren limar las diferencias obscenas entre ricos y pobres. Se debía creer de los que aprovechan las oportunidades y no de los que las dejan escapar. Aunque no me lo imaginaba suficientemente estúpido como para desconocer que no hay que remover mucho para encontrar a gente a la que no se le ha repartido buenas cartas en esta vida y seguro no ha tenido nunca ninguna oportunidad que perder. Lo veía como un hombre satisfecho de sí mismo por saberse de los que pisan y no de los pisados, de los que consideran la sociedad como una jungla donde muerdes o eres mordido.

Para mí ese hombre representaba el peor de los residuos provocados por la publicidad. La crisis/estafa que estaba sufriendo nuestra sociedad (año 2013) tampoco me ayudaba en nada a observarlo con mejores ojos. Hacía unos meses, había leído un artículo que, tratando de analizar los porqués de la crisis/estafa, hablaba sobre el perfil psicológico que mejor encajaba con el tipo de gente que ocupaba puestos como el de aquel hombre, y era el de psicópata. Quizás él era una de las más que seguras innumerables excepciones, pero a mí no me lo parecía. Detrás de su corbata creía ver al hombre que un día había dejado la empatía en la puerta de entrada del banco y sin escrúpulos había empezado a colar a quien fuera la mierda bancaria que tocara vender en ese momento. ¿A cuántos habría vendido las famosas preferentes? O ¿a cuántos habría inducido a comprar una casa por una morterada de pasta de la que se los echaba fuera a patadas a los pocos años? Estafar y progresar rimaban perfectamente en su negocio, entonces más que nunca. Para mí ese hombre personificaba la ambición que hacía del mundo un infierno para una gran parte de sus habitantes. ¿Quién, sino gente como él, debe estar copando los altos cargos de empresas y del poder? Gente que lucha con firmeza y sin mucho o ningún miramiento por los lugares económicamente más lucrativos.

La proximidad con la iglesia y la mala leche de los pensamientos anteriores también me condujeron a pensar en la miseria que las religiones, a menudo, nos “regala”. Y seguí gastando bilis. Porque, ¿cómo se entiende que pueda haber humanos que disparan a una niña por el solo hecho de querer estudiar, o que torturan otras personas porque son homosexuales, sin tener en cuenta el papel cómplice de las religiones? No podemos pensar que los ejecutores de estos crímenes son monstruos o raras excepciones, porque suelen ser de lo más normal.

A partir de aquí mis pensamientos saltaron a otros tipos de “monstruos” más cercanos. Como el policía que le rompe la cara tanto a un niño como a un adulto o a un anciano, o desahucia a una familia. O como los hombres estos que van repartiendo la “paz” a ritmo de disparos y bombas con su uniforme lleno de honor y patria. A veces es la religión con sus enseñanzas made in “palabra de Dios” la que nos acerca a la barbarie evitando que razonemos la brutalidad de nuestros actos y otras veces la metódica instrucción psicológica alienante de las fuerzas del estado. Aunque sería más correcto decir: las fuerzas que protegen el injusto statu quo.

Tal vez mis pensamientos se estaban pasando tres pueblos con ese padre, o quizás no. De hecho poco me importaba si era él precisamente uno de los que me apestaban el mundo o no. No lo había visto hasta entonces y difícilmente volveríamos a coincidir.

Por otra parte, también tenía claro que él, al igual que todo el mundo, no tenía culpa de ser como era. Que él era fruto del azar, tanto del genético como del de las circunstancias. Y que ya desde el vientre de su madre cada uno de sus movimientos había sido el único posible atendiendo a su genética y a sus aún escuálidas circunstancias. Porque aunque tengamos la sensación de decidir en libertad, acabaremos decidiendo un único pensamiento que dependerá, en la mayoría de situaciones, de millones y millones de circunstancias previas y momentáneas, de las que nos será imposible ser conscientes. Algunas decisiones seremos capaces de razonarlas a posteriori: “reaccioné mal seguramente porque el alboroto me había puesto de mal humor”, “no tuve paciencia porque probablemente ya me estaba afectando el dolor de muelas que sufriría más tarde”. Otras veces, puede que el ojo acabara de ver algo que te hizo recordar un familiar y eso te indujo a pedir su bebida preferida. O quién sabe si justo el pensamiento que habría sido para ti el correcto no se dio a tiempo debido a la muerte repentina de una de las neuronas involucradas. Resumiendo: para mí nadie tiene realmente culpa ni mérito de ser como es, es todo azar desde el Big Bang. Pero para mí aquel pobre hombre, seguro que abatido, representaba la clase de hombre que hace que al pueblo no le vayan bien las cosas.

Con un último pensamiento, que la gente no se enamora de la gente de África por casualidad sino seguramente a consecuencia de su menor exposición a la tóxica publicidad, volví al presente. El caso era que Kike ya no estaba y que al día siguiente el mundo seguiría tan selvático como siempre.”

Nota: Texto extraído, íntegramente, de “Revolución Racional G2″.


Traffic (¡más claro el agua!)

Traffic“Traffic”, más que una película, es un documental sobre el mundo de las drogas que nos muestra lo inútil de la ilegalización de las mismas.

“La teta del paro hacía unas semanas que se había agotado y, con ella, mi tiempo en Reus no podía tardar mucho en correr la misma suerte. Podían consolarme los muy buenos momentos vividos, los cuatro nuevos amigos que había hecho y el aprendizaje en convivencia que, junto al Hierbas, no había sido nada despreciable. Pero por mi paso por aquellas tierras el azar todavía me tenía preparada una última sorpresa: “Traffic“.

Cuando “Traffic” me cayó en las manos, la degradación ya había limado la labor cultural a una única modalidad, la del vídeo con petas. A menudo, al día siguiente de una película recordaba poco más que su título, pero aun no siendo éste el caso con aquella cinta, al día siguiente a media mañana, sin fumar, la volví a ver. Por si no la has visto, creo que te hago un buen resumen diciéndote que toca el mundo de las drogas prohibidas desde todos sus ángulos, prácticamente como si se tratara de un documental. Te muestra como la prohibición y la consiguiente persecución de su tráfico no logra disminuir los consumos (ni lleva camino de conseguirlo) y como, por el contrario, genera problemas similares a los de una guerra civil, salpicando toda la sociedad con sus muertos, adictos y encarcelados. Una película contundentemente clara y premiada, divulgada a quien sabe cuántos cientos de millones de espectadores, que clama implícitamente por la legalización de las drogas. Y que con la frase “prohíbe las drogas y habrás creado una gran zanahoria” nos señala el “por qué” de la sinrazón del tema.

Pero como si la película hubiera sido solo agua de lluvia, persistía el inmovilismo: los gobiernos seguían malgastando el dinero de sus países en esta lucha estéril y perniciosa, y las “simpáticas” mafias del narcotráfico seguían explotando el más lucrativo de los negocios ilegales. A medida que fui reflexionando en todo ello, me ponía de más y más mala leche. Porque, ¿qué estaba pasando realmente? ¿Eran los políticos dirigentes deficientes? ¿Ineptos? ¿Eran alérgicos al séptimo arte? Finalmente, razoné que ya no quedaba el mínimo espacio para la duda y, profundamente indignado, entendí que el único verdadero trasfondo de esa realidad no tenía un gramo que ver con la estupidez o la ignorancia de los gobernantes y sí mucho con los oscuros intereses económicos del corrupto statu quo, a quien verdaderamente representaban. Mirándolo desde esta nueva óptica no solo las incongruencias en el tema de las drogas encajaban mejor, también las del terrorismo. Desde ese momento, los gobernantes, para mí, habían dejado de ser unos inútiles que lamentablemente intentaban solucionar un problema como el del terrorismo con la ceguera de no atender a las causas que lo originaban para convertirse en un grupo de cínicos. Entonces podía ver sin sombras como mientras rehuían el diálogo (excusándose en la supuesta locura de los terroristas y la criminalidad de su entorno) en realidad estaban evitando debatir reivindicaciones generalmente justas o negociables, para poder seguir manteniendo sus sucios privilegios ganados previamente, en la gran mayoría de los casos, con las armas o el engaño. “Más que las causas, lo que debe interesarnos del terrorismo son sus efectos”, dijo Aznar en una reunión internacional sobre terrorismo en la sede de la ONU el 22 de septiembre de 2003 (vamos que no lo dijo durante la visita a unas bodegas precisamente). ¿Por qué no resulta contradictorio que si nos dicen que somos libres, la suma de nuestras libertades no dé para la autodeterminación de un pueblo? Y si uno no es libre, ¿no tiene el derecho moral de luchar por serlo? Evidentemente no podía justificar una forma de protesta tan estúpida como la basada en el asesinato de inocentes pero, ¿era muy difícil comprender que existiera gente que, tomada por la rabia y la desesperación del que se siente agraviado y no escuchado, pudiera reaccionar de esa forma? ¿Se puede pretender que un joven palestino que hoy observa impotente cómo le tiran la casa al suelo y ayer como le mataban a un amigo, se comporte dócil como un cordero? ¿No es cinismo? ¡¿NO?!

La frase que tantas veces habían tenido que escuchar los oídos de Marc cuando me venía de marxista apocalíptico: “el mundo va en la dirección correcta, pero a una velocidad crítica”, había recibido sepultura dentro de mí. De repente, veía el mundo mucho menos irracional, pero en cambio mucho más apestado por la mentira y la codicia. Había vuelto a mirar hacia Edimburgo con cierto pesar, porque tocaba levantarse de aquella vida de perro y trabajar. Pero de la mala leche provocada por “Traffic” cuajaba la idea para el libro que buscaba escribir. Una idea que me quemaba por la nitidez con que creía ver el camino para cambiar ese mundo que me indignaba. “G-2” era el título, de “Gandhi-2″: una llamada a la humanización de la política, forzando su cambio desde la revuelta inteligente y pacífica.”

Nota: Texto extraído, íntegramente, del libro “Revolución Racional G2”. En dicho libro no se hace apología de las drogas, bien al contrario.


Timidez

CaputoSoportamos la invalidante timidez estoicamente, cuando la podemos trabajar y dejar de sufrirla.

“Iba a ser una fiesta más de las celebradas en el piso, pero sumando que se preveía muy propicia para los movimientos pélvicos (se esperaban bastantes chicas con ganas de marcha) y que mi final de estancia en Reus estaba cerca, inconscientemente, la fiesta me era más una prueba de fuego que propiamente una fiesta. Un último clavo ardiendo al que aferrar el sueño que agonizaba.

Empecé la velada fumadillo para ir un poco relajado. Igualmente, sin embargo, me sentía nervioso e inseguro de hacia dónde dirigir mi cuerpo y qué decir entre tanta desconocida. Buscaba las chicas dentro de la protección de los corros con amigos, pero cuando finalmente lograba intercambiar dos frases con una, la angustia crecía, y mientras pensaba en qué estaría pensando ella de mí (de si se daba cuenta de mi rigidez, si me encontraba demasiado serio, si no le gustaba…), perdía el hilo a menudo, eso cuando no se encargaba de hacérmelo perder los lapsus del hachís. Las charlas raramente duraban mucho y por cada pequeña derrota tenía un trago o una calada prometiéndome un poco más de desinhibición. Recuerdo perfectamente aquella noche, cuando a media fiesta ya me arrastraba patético, como surgía pululando entre la gente la personificación de un pedacito de cielo. Me sentía desnudo, impotente y, como tantas otras veces en el pasado, acabé mirándomela desde la distancia creyéndola la mujer perfecta, mientras me insultaba por inadaptado y cobarde.

Al día siguiente, definitivamente me rendía ante la evidencia de que algo me había fallado y que la mejora física, por sí sola, no me aportaba las prestaciones esperadas. Durante los siguientes días estuve dándole muchas vueltas al tarro en busca de un nuevo camino para liberar al seductor que llevaba dentro, hasta que centrando la acusación en la timidez caí en elegir mi querida ciencia como antídoto. Ese mismo día me compraba un libro de psicología sobre el tema, bastante técnico, que repasaría con empeño durante las posteriores semanas y que meses más tarde se vería cumplimentado (ya en Terrassa) con un segundo libro más práctico. En gran parte, ese libro salvaba el año sabático de su fracaso más absoluto, por lo que se refería a objetivos. Porque del tema de la literatura ya no me esperaba nada bueno.”

Nota: Texto extraído, íntegramente, de “Revolución Racional G2”.


Tabaco y publicidad

anti-tabacoEl tabaco y la publicidad son dos de los venenos más peligrosos para nuestra sociedad.

“Con la ayuda de un libro para dejar el hábito, emprendía el enésimo intento para deshacerse de él. Mucho de lo que decían sus líneas ya lo tenía muy sabido: perjudica la salud, apesta, soy adicto… Pero encontré nuevos datos que no me dejaron indiferente. Entre otros que las tabacaleras añadían sustancias tóxicas a los cigarrillos, como el amoníaco, para fidelizar aún más a sus “queridos” clientes (se ve que con el amoníaco el cuerpo es capaz de absorber más nicotina, que es lo que engancha). O leer lo mucho que se gastaban en publicidad para conseguir colarte en el subconsciente la asociación del tabaco con el éxito, la libertad o el sexo (a menudo pagando a los protagonistas de pelis para que aparezcan con el cilindrito colgando de la boca). El libro también hizo darme cuenta de la ridícula cantidad de caladas que realmente disfrutaba a lo largo del día, difícilmente ninguna calada más allá de las dos o tres primeras del cigarro y casi siempre vinculadas al alcohol, el café o el final de una buena comida.

Y así, consciente de que dejar de fumar era el mejor regalo que podía hacerme a mí mismo, que estaba enriqueciendo a unos mal nacidos y que en realidad ni me gustaba (sólo era un adicto) me puse a ello. Y bastante motivado y enfadado con la ayuda de chicles de nicotina, cuatro semanas antes del día N reducía la cantidad de humo, a falta de tres semanas sólo fumaba algún porro esporádico y cuando faltaban dos dejaba la nicotina del todo con sorprendente facilidad.

En este punto de la historia quisiera hacer un inciso para hablar de la publicidad, recién tocada solo de pasada, ya que no me parece trivial hacerlo al tratarse claramente, para mí, de uno de los pilares en los que se sustenta el muy mejorable mundo en que vivimos.

Yo había sido siempre muy combativo contra el tabaco. Infinidad de veces mi padre había tenido que aguantar mi numerito de ponerme un trozo de papel higiénico de oreja a oreja en plan mascarilla, cuando de joven jugaba con los abuelos, él y su humo al dominó. Pero aún así con los primeros intentos de tonteo con las chicas había caído. Me hería el orgullo el hecho de saberme inteligente y sentirme tan burro en este aspecto. Se me hacía evidente que por más que me considerara muy impermeable a la publicidad, cuando puse los pies en el territorio del sexo este macabro negocio me había hecho diana y abatido. No lo evitaron ni mis ideales, ni la tos, ni su sabor asqueroso. Tan claro que había tenido que nunca fumaría y no era sino una víctima más.

No es ninguna tontería quedar enganchado al tabaco, pero no es ni de lejos, en mi opinión, el veneno más grande que la publicidad nos aporta. La publicidad, con el constante bombardeo de anuncios que día a día nos va filtrando en el subconsciente, jugando con nuestros sentimientos, a través de colorines y canciones de aspecto inofensivo, nos hace peores personas. Me explico:

Primero de todo, es evidente que nos incita a comprar lo que necesitamos, lo que nos puede ir bien y a menudo también lo que no necesitamos para nada. Por tanto, de momento podemos decir que nos sube los niveles de ambición. Ambición por poseer determinados productos en primera instancia y por tener dinero, en segunda. Cuanto más mejor, no sea que no nos pudiéramos costear nuestro último capricho. Vamos, que la palabra avaricia parece que nos ronda por aquí también. Pero con el que juega también la publicidad a menudo es con la envidia y la soberbia: “Compra tal y serás…, diferente, único, mejor, un triunfador, tendrás glamour”. “No compres tal y serás…, un fracasado, un pringado más, un tipo vulgar”. Con lo cual me atrevo a asegurar que también nos sube los niveles de envidia y soberbia, que casan perfectamente con el individualismo. Y para nosotros, animales sociales, el aumento del individualismo no nos debe parecer nada positivo. Evidentemente a unos nos aumentará más que a otros, pero no puedo creer que a alguien que esté expuesto no se le eleven estos niveles ni un poquito. En todo caso creo que la publicidad nos envenena la sociedad, haciéndola más selvática y menos empática. Podríamos hablar de otros “regalitos” que nos hace, como la compra compulsiva, la anorexia, unos patrones de belleza imposibles de seguir (aumentos de mamas, rinoplastias…) y otras cosas, pero de momento dejo aquí el tema de la publicidad y vuelvo con la historia, que esto empieza a no parecer un inciso.”

Nota: Texto extraído, íntegramente, de “Revolución Racional G2”.


Dios no existe

Edwin Espinoza AndinoLa lógica está claramente más por “el hombre ha creado a Dios” que por “Dios ha creado al hombre”.

“Poco a poco, nos fuimos conociendo y las últimas vergüenzas se esfumaban. Apareció el mejor sexo, y el sentido del humor y las conversaciones fluían más libres. Una tarde, tumbados en el sofá del piso sin prisas y sin Kike, como quien no quiere la cosa, empezamos a charlar sobre uno de mis caballos de batalla preferidos: la religión. Mi vida ya no volvería a ser nunca más la misma.

–Mira Laia, si hay más de mil religiones diferentes a la tierra, ¿qué te hace pensar que curiosamente la tuya es la verdadera?

–¡Eh! Que yo no creo en lo que dice la iglesia cristiana, ¡eh! Pero creo que detrás de tanta religión algo debe haber de cierto.

–Pero si se contradicen a saco… Unas creen en la reencarnación, otros en que hay más de un Dios…

–Para mí son como metáforas o diferentes interpretaciones de lo mismo.

–Son mentiras, Laia. Tú prácticamente eres ya una psicóloga y no entiendo cómo puedes creer en algo tan poco racional. Creo que te debería ser evidente que somos nosotros los que hemos creado a Dios y no él a nosotros. Dios no deja de sernos un refugio al miedo de sentirnos solos, de no tener un sentido, de morir y ya está.

–No lo sé, pero siento que debe existir algún tipo de energía, que no puede ser todo tan triste, que no haya nada.

–Crees en lo que te gustaría que fuera, pero no es nada lógico –hice una breve pausa para encender un cigarro y ofrecer uno a ella–. Mira, supongamos que Dios nos ha creado, ¿de acuerdo?

–De acuerdo.

–Pues entonces, ¿quién lo ha creado él? Te das cuenta que seguimos teniendo la misma pregunta, sólo que más alejada de nosotros? Quien lo haya creado a él ya no nos afecta tan directamente, pero en el fondo no hemos solucionado nada. Sería lo que dicen de desnudar a un santo para vestir a otro.

–No sé Pau –dijo con gesto de fatigada–. Lo que sé seguro es que la ciencia no tiene todas las respuestas y que la vida es demasiado increíble como para no tener sentido.

La ternura de la relación invitaba a cambiar el tercio, pero con la frustración del que no se siente escuchado y el haber dado con un nuevo argumento, no me supe estar de hacer un último ataque.

–¿Tiene sentido la vida de una hormiga? ¿En qué momento de la evolución un puñado de células con patas (o sin) comenzó a tener sentido o le apareció la indetectable alma? –dejamos pasar un ángel y animado por la contundencia del razonamiento rematé:– Yo no es que crea que Dios no existe: yo lo sé.
De pronto pareció que Laia recuperaba el interés por la disputa y, con un movimiento ágil, cambió la postura de siesta para sentárseme de cara.

–Te has pasado dos pueblos, Pau! –protestó medio mofándose–, ni un superdotado sería tan categórico.

–¡Y tanto que lo sería! Si es pura lógica.

–Pues tendré que pasarte un test, no sea que estuviera follando con un Einstein y yo sin poderlo explicar a las amigas.

Ella siguió haciendo cachondeo mientras yo no dejaba de pensar en cómo podía ser que un superdotado dudara de la no existencia de Dios, y quise indagar.”

Nota: Texto extraído, íntegramente, de “Revolución Racional G2″.


Nacionalismos y demagogia

imagine no countries¿Nos atiborran a nacionalismos para podernos manipular con la demagogia?

“Tan sólo por el hecho de volver defendiéndome ya un poco con la lengua más internacional del mundo (un mundo cada día más encogido por los aviones, la tele, Internet, etc.), me podía sentir muy satisfecho. Pero también me llevaba una reflexión amarga de aquella ciudad cosmopolita. Por un lado, había constatado de primera mano la tendencia natural de los humanos para el entendimiento y la colaboración. Y hablando de entendimiento y de idiomas también había podido saber, por algunos irlandeses, que allí el inglés poco a poco iba acorralando su irlandés, pero sin que la gran mayoría de los de la isla se pusieran las manos en la cabeza. Era un proceso natural. La lengua era tan sólo una herramienta para comunicarse, y con el inglés se entendían con prácticamente todo el mundo. Por otra parte, pensaba cómo de diferente era en Cataluña, donde tanto de la lengua como de la cultura en general se hacían, por ambos lados con frecuencia, armas políticas. Evidentemente en Irlanda no tenía ningún sentido hacer ninguna guerra de la lengua. ¿Contra quién? Ya eran un país. La tendencia de la gente a la solidaridad y el entendimiento chocaba con la realidad de un telediario siempre a rebosar de conflictos atizados con los insanos amores patrios y religiosos y sus complementarios odios xenófobos y racistas. Cómo de asquerosamente útiles pueden llegar a ser estos sentimientos patrios y religiosos para la práctica de la demagogia.

DEMAGOGIA: política fundamentada en métodos emotivos e irracionales para estimular los sentimientos de los gobernados hacia la aceptación de programas de acción impracticables y falaciosos que miran sólo de mantener situaciones de privilegio. (Enciclopedia Catalana)”

Nota: Texto extraído, íntegramente, de “Revolución Racional G2”.


Despertando (camino al activismo)

despertadorLa NO legalización de las drogas es solo uno de los muchos sin sentidos de nuestra sociedad (aborto, homosexualidad, eutanasia, prostitución…)

“Era una tarde de marzo del 99 cuando todo empezó a rodar. Había consumido una más de las habituales tarde-noche sin ensayo en el local de mi colla castellera y después de las conversaciones banales, partidas de ajedrez y los inevitables porros, Kike y yo quedábamos como últimos representantes del grupito de amigos. Perezosos, estábamos sentados cómodamente en la terraza ante unas birras, casi inmóviles, cuando Kike abrió la boca y me acercó un diario.

–¿Has leído esto? –dijo indicándome un artículo minúsculo.

Durante unos segundos volvimos al silencio mientras yo leía la noticia. Se trataba de las conclusiones de un informe holandés en el que se apuntaba la legalización de las drogas “blandas” como causa de una sensible reducción de consumidores jóvenes del país. La droga había perdido gran parte de su atractivo transgresor.

–¡¿Qué más necesitan?! –exclamé indignado–. ¿Qué más, para darse cuenta que prohibir no es ninguna solución?

–Es que no sólo no soluciona nada, sino que empeora las cosas –añadió Kike–. Son unos hipócritas, amigo Pau. Todo el mundo sabe que el tabaco y el alcohol también son drogas, y no mejores que los porros, y en cambio no prohíben ni su publicidad de una vez por todas…

–Y es que igualmente, ¿qué les importa lo que yo me haga a mí mismo? ¿No soy libre y adulto? ¡Mientras no moleste a nadie, que no me toquen los huevos! Está bien que informen pero… ¿qué se consigue prohibiéndolas?

–Suben los precios, te venden mierda, hay peña que acaba robando, si pillas un mal viaje te lo comes antes solo en casa que atreverte a ir a urgencias, marginación…

–En la misma línea –lo volví a arrollar– ¿por qué no prohíben los encierros de Pamplona? ¿O es que nos hacen de mamá aleatoriamente?

De repente nos habíamos animado y, mientras Kike se metía la mano en el bolsillo en busca de la piedra, fui a pedir un nuevo par de cervezas.

–Siempre es la pasta amigo Pau, ¡la pasta! –me disparó sólo volver a poner el culo en la silla.

–Seguro, pero lo que no comprendo es que a finales del siglo XX aun nos la metan doblada como si fuéramos borregos. ¿No hemos aprendido nada del fiasco de la “ley seca”? O qué me dices de la hipocresía con la eutanasia: te obligan a seguir viviendo contra tu voluntad, porque la vida es preciosa, sagrada y bla, bla, bla… y mientras tanto, en muchos de esos mismos países, se aplica la pena de muerte. Es realmente nauseabundo.

Con algún lapsus provocado por los petas fuimos añadiendo otros temas a la conversación como la prostitución, la homosexualidad y el aborto. No podíamos entender la sinrazón de la sociedad para buscar problemas donde no los había. ¿Qué problema podía haber en la compra de servicios sexuales entre personas adultas? ¿O qué sentido tenía prohibir a una pareja homosexual el derecho al matrimonio o a la adopción? ¿Tanta era la importancia de lo que nos colgaba o dejaba de colgar? ¡¿O cómo se podía obligar a alguien a convertirse en responsable de un bebé no deseado para salvaguardar un grupo de células sin conciencia?! Estuvimos dándole vueltas para encontrar donde cojones fallaba el “vive y deja vivir” pero sólo conseguimos hacernos crecer la mala leche.

Finalmente, se nos invitó a largarnos del local y poco después, bastante tocado, llegaba a la cama. Esa noche sin embargo, el sueño aún tendría que esperar. Fue casi sólo cerrar los ojos que de repente una idea me desveló. Por más que la realidad me llevara la contraria, después de la charla con Kike me sentía más seguro que nunca en tener la razón y la quería chillar a aquel mundo que encontraba extrañamente irracional o dormido. ¡Quería ser escritor! Y eufórico, me pasé un buen par de horas vertiendo en la primera libreta que encontré tanto las ideas discutidas aquella noche como algunas otras nuevas.”

Nota: Texto extraído, íntegramente, del libro “Revolución Racional G2”. En dicho libro no se hace apología de las drogas, bien al contrario.